Una mujer inmigrante es un alma entre dos orillas
Como dice el título de mi artículo, cuando una mujer emigra empieza a vivir en una especie de mundo paralelo entre dos orillas del Atlántico. Una la componen los recuerdos, vivencias y sentimientos muy muy fuertes por la familia y los amigos que deja atrás, la otra orilla el mundo en el que vive, al que trata de adaptarse cada día en un loco esfuerzo por encontrar similitudes valorando las diferencias.
Para un inmigrante es muy común vivir con dos horarios, con el de su país de origen y con el de su país de residencia, siempre pensando que estarán haciendo los suyos a esa hora del día, comunicándose permanentemente para tratar de estar al tanto de todo lo que pasa en la familia y mas aún, cuando se dejan hijos.
Muchos dicen "para que emigran si tanto extrañan", pero son muchas y diversas las razones para emigrar de tu tierra. Un porcentaje muy alto lo genera la búsqueda de mejores oportunidades para mejorar el nivel económico y ayudar así a la familia que queda. Deben tener en cuenta que en la mayoría de los países de Centro y Sur América, las necesidades básicas no están cubiertas por el estado, sino trabajas no tienes cobertura sanitaria, trabajas mucho y ganas poco y en muchas muchas poblaciones no hay fuentes de empleo, generando desplazamientos hacia las ciudades donde los costos de vida son altos y las oportunidades pocas, así que levantas la mirada y decides buscar mas allá de tus fronteras un lugar donde aunque trabajes mucho, veas compensado ese esfuerzo con un salario que te permita vivir y mejorar la vida de los tuyos y que el verlos bien te compense el tenerlos lejos.
