Remesas: es el dinero que se ha vuelto esquivo
Pese a la crisis, empresas de envíos siguen optimistas.
Sentado bajo una palmera que lo protege del inclemente sol, Gustavo Sánchez toma agua de una manguera y entre sorbos comenta sobre los buenos tiempos cuando podía enviar a su mujer y tres hijos más de $600 al mes.
Hace dos años los trabajos sobraban para el joven salvadoreño, pero ahora tiene que contentarse con cortar grama tres días a la semana por mucho menos dinero. “Ahorita no puedo mandar lo de antes, pero igual algo tengo que mandar, aunque pase hambre”, comenta.
Sánchez es uno de millones de latinoamericanos que sigue enviando remesas a sus familias aún cuando están atravesando grandes dificultades en Estados Unidos.
Eso explica por qué los envíos no han colapsado en la misma proporción en que han disminuido los ingresos de este segmento de la población en el último año. También explica por qué las compañías que prestan el servicio de enviar dinero siguen confiando fuertemente en América Latina.
Y es que el envío de remesas no es un gasto discrecional para muchos latinoamericanos que viven en Estados Unidos. Para ellos es la principal razón por la que se encuentran fuera. Y ese factor en sí mismo también explica por qué las empresas que prestan el servicio financiero creen que éste es un mercado en el que vale la pena invertir para posicionarse a largo plazo.
Dan O’Malley, Presidente para las Américas de Moneygram, dice que en vez de contraer sus operaciones, su empresa ve la actual coyuntura como un buen momento para repotenciar su presencia en la región. “Incluso en medio de un mercado que obviamente representa grandes retos. Nosotros estamos aumentando nuestra participación de mercado en virtud de la continuación de nuestro proceso de expansión de red y de distribución”, dice el Jefe Regional de la segunda mayor compañía de envíos de remesas de Estados Unidos.
