Recesión y xenofobia, un cóctel explosivo
Las protestas en Gran Bretaña contra el empleo de extranjeros podrían extenderse a otros países.
LONDRES.- Los obreros británicos de la refinería Lindsey donde comenzaron hace diez días las primeras protestas contra la llegada de trabajadores italianos y portugueses volvieron a trabajar el jueves pasado, no sin antes proclamarse victoriosos al obtener la promesa de la creación de 102 empleos para sus compatriotas.
Su reacción, así como la del empresariado que bajo presión oficial concretó la oferta, dejó en evidencia que el problema de fondo está lejos de haberse solucionado. El lema "Empleos británicos para los británicos", que por razones proselitistas el primer ministro Gordon Brown había pregonado al llegar al poder, se ha convertido no sólo en un boomerang político, sino también en el canto de guerra de la mayoría de los trabajadores afectados por la crisis.
